El proyecto de esta vivienda unifamiliar en Náquera nace de una lectura inteligente del lugar y de un claro compromiso con la optimización del espacio exterior. Ante una parcela justa, la estrategia arquitectónica opta por implantar la edificación de forma compacta en uno de los extremos del terreno, logrando así liberar la máxima superficie posible para el disfrute del jardín y la piscina. Esta disposición genera una relación con el entorno: la vivienda se muestra hermética, íntima y con huecos muy controlados hacia la vía pública para proteger celosamente la privacidad familiar, mientras que se fragmenta y abre de forma expansiva hacia el interior del solar. Cruzar el umbral de la puerta principal supone dejar atrás la escala de la calle para sumergirse en un espacio privado donde los límites entre la arquitectura y el paisaje se difuminan por completo.
El resultado final es un hogar donde la circulación horizontal se convierte en una experiencia continua, ligera y sofisticada. Los grandes ventanales correderos de perfilería oculta eliminan los cerramientos tradicionales, conectando el interior de manera directa con los porches cubiertos y la lámina de agua de la piscina. Así, la volumetría cúbica exterior, contundente en su blancura mediterránea, funciona como un marco arquitectónico perfecto que abraza la vida familiar, transformando un terreno acotado en un refugio monumental de serenidad, luz y confort absoluto.
ARQUITECTOS
PABLO MARTÍNEZ ARIZCURENColaboradores
-FOTOGRAFÍA
-AÑO
2024SUPERFICIE
204 m2UBICACIÓN
NÁQUERA